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Pokémon: Detective Pikachu – Reseña

El mundo Pokémon cobra vida con actores reales por primera vez en la gran pantalla, ¿pero resuelve el caso de las adaptaciones?

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Pocos imaginamos que pasarían 23 años para ver realizado lo que era solo un sueño de infancia, como la adaptación de varios Pokémon conocidos –y otros más modernos– en una versión cinematográfica con actores reales y animación de alto nivel. No de la forma en que se esperaría una película bajo la temática de entrenadores, gimnasios, batallas y liga Pokémon, pero tampoco para pasar desapercibida.

Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures y The Pokémon Company unieron esfuerzos para llevar al cine el juego desarrollado por Creatures para 3DS, con ciertas modificaciones al argumento y la dirección de Rob Letterman (Monsters vs. Aliens, Goosebumps). Apelando al público conocedor de la franquicia más grande de la historia (con un estimado de 90 mil millones de dólares en ingresos), así como a quienes no conozcan mucho del mundo Pokémon o hasta hace poco hayan entrado al mismo gracias a Pokémon GO en móviles o Let’s Go en Switch, el juego de cartas o el anime y sus películas anuales.

La gran diferencia de esta entrega en acción real o live-action es que desde un comienzo nos deja claro que no estamos en la nativa región Kanto ni en las posteriores reveladas por los juegos, principales o spin-off, aunque se referencie directamente un evento importante ocurrido hace dos décadas y la convierta técnicamente en un producto canónico. Lo primero en cierta forma es positivo, alejarse todo lo que puede de entrenadores como Ash Ketchum definitivamente le hace bien.

Lo más importante de Pokémon: Detective Pikachu es la capacidad que tiene de convencernos con el mundo Pokémon adaptado a una realidad más cercana a la nuestra… pero con Pokémon. Es un mundo franca y absurdamente maravilloso. Desde el natural vuelo de una bandada de Pidgey, Braviary, un corral de Bouffalant, citadinos Treecko o un majestuoso Gyarados, todos los Pokémon son introducidos de una manera que se sienten realmente parte del ámbito propuesto, a pesar de ser solo unas pulidas animaciones por computador.

Una región que se enorgullece de no ser como sus otros vecinos en el globo y donde el visionario Howard Clifford ayudó a construir Ciudad Ryme, algo así como una utopía donde humanos y Pokémon conviven pacíficamente y las pokébolas están prohibidas. Por supuesto en todo paraíso hay una serpiente y es allí donde en forma de peleas subterráneas ilegales apreciamos lo más cercano a una batalla Pokémon, que solo sirve como impulso de la trama.

Hablando de la trama, esta involucra sin mucha cohesión a un joven protagonista humano llamado Tim Goodman (Justice Smith), ex-aspirante a entrenador y quien llega a Ciudad Ryme en busca de su padre, un desaparecido detective que se metió a investigar asuntos que no debía y resultó extrañamente involucrado en un accidente. A él se une la practicante de periodismo Lucy Stevens (Kathryn Newton), quien con su Psyduck y su olfato periodístico hacen lo posible por desentrañar el misterio de un gas que vuelve locos y agresivos a los Pokémon expuestos.

El pináculo de esta enramada temática sin relación aparente lo toma el protagonista innato y mascota de todo lo que se llame Pokémon: Pikachu. El actor Ryan Reynolds es quien brinda su voz en inglés a este particular y amnésico roedor eléctrico, quien por alguna razón solo puede comunicarse con Tim. En Latinoamérica dicho papel le corresponde al actor de doblaje José Antonio Macías –quien también presta su voz a Chris Evans y Leonardo DiCaprio además de Reynolds–. En cuanto a Pokémon lo recordamos especialmente por su interpretación de James (Equipo Rocket) en la serie animada.

Si de los diferentes Pokémon presentados en la película no existe queja alguna, de esta versión de Pikachu solo tenemos alabanzas. Tal vez su integración con el argumento no sea la más apropiada y su resolución algo forzada, pero tanto su diseño como la manera en que se logra llevar a la gran pantalla al Pokémon más famoso de la marca, deja satisfecho hasta al pokefanático más exigente. Cómo las líneas cafés de su lomo o las mejillas rojas contrastan con el pelaje amarillo es fascinante en cada escena donde su plano prima.

Lo mismo se puede decir de una manada de Bulbasaur, Torterra (con cierto síndrome Toho), y un inquietante grupo de Greninja. Incluso hay un momento Greninja que recuerda mucho a los Lickers de Resident Evil. O el caso Ditto como factor sorpresa.

Como suele ocurrir, los planes del villano de turno son los que tambalean una historia de por si no muy ambiciosa y con varios puntos sin rumbo, más allá de la intención de exponer un mundo de por sí brillante. No es que se le pueda acusar mucho al respecto cuando observamos una saga de juegos principales con monotemáticas organizaciones criminales, con excepción del excelente cuestionamiento ético y moral del que gozaba Pokémon Black / White, quizás la generación más subvalorada pero de mayor lección argumental.

Pokémon: Detective Pikachu sabe lo que tiene y lo muestra sin reservas. Quienes han seguido las diferentes líneas de productos creados por The Pokémon Company apreciarán lo alcanzado a nivel estético y de efectos visuales bastante orgánicos, que finalmente es el impacto que se busca generar frente a unas criaturas concebidas en ilustraciones 2D. El lado humano es el que flaquea por falta de interés y una forzosa dirección narrativa, que atribuye ciertas habilidades súper poderosas donde no corresponden y acomoda la solución a su gusto.

Se ha omitido mencionar a cierto Pokémon en esta reseña por la misma razón.

Eso sí, los videojugadores que llevan este viaje desde la era de Game Boy se sentirán más que felices con la secuencia de créditos, perfecta para salir con una sonrisa de oreja a oreja sin importar las falencias de la película.

Pokémon: Detective Pikachu
3.5/5 Nota
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