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Red Dead Redemption, los elementos que lo hacen grande

John Marston demostró al mundo cómo hacer bien las cosas en todos los aspectos.

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No hay muchos juegos ubicados en el salvaje oeste americano de los cuales podamos hablar maravillas largo y tendido. Claro, desde la era del SNES recibimos Sunset Riders y Wild Guns, o el estratégico Desperados: Wanted Dead or Alive para PC. Más adelante en la época de GameCube, PS2 y Xbox, hubo un intento por parte de Neversoft (ahora Infinity Ward) en brindar un mundo abierto ambientado en el viejo oeste, pequeño pero consistente, bajo el nombre de Gun. Fue bueno para el año de su lanzamiento en el 2005, recibiendo también versiones para Xbox 360 y PSP. Pero eso era porque hasta entonces no había mucho de dónde escoger, hasta que Rockstar Games puso manos a la obra.

Tampoco era algo nuevo para la división San Diego de la compañía, pues en 2004 habían lanzado para PlayStation 2 y Xbox el título Red Dead Revolver, un shooter con misiones por nivel más limitado que su sucesor espiritual, pero pieza clave para empezar a contar la historia de John Marston. Incluso Red Harlow, protagonista de Revolver, haría su aparición como personaje del multijugador en Red Dead Redemption.

Red Dead Redemption se ubica en un área inspirada en la cuenca Rio Grande al suroccidente estadounidense -que conecta al estado de Texas con México-, así como en desiertos y praderas de Arizona y Nuevo México. La historia toma lugar principalmente en 1911, presentando los años finales de la ley del salvaje oeste, donde sus arquetipos de vaqueros, pistoleros y forajidos, desaparecerían ante la llegada de tecnologías modernas como el automóvil, las armas automáticas y proyectos industriales de combustibles fósiles.

Como es tradición por parte de Rockstar Games y sus ciudades ficticias en la saga Grand Theft Auto, Red Dead Redemption expone dos condados americanos (New Austin, West Elizabeth) y un estado mexicano (Nuevo Paraíso), todos territorios falsos separados por el río San Luis.

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Esto mismo permite que la vista desértica, ambientación y panorama del juego sean absolutamente grandiosos. De hecho, una de las mejores cosas por hacer en Red Dead Redemption es dedicarse a recorrer las diferentes locaciones montado en tu caballo (de manera pacífica en la medida de lo posible), mientras te dispones a admirar los terrenos inhóspitos, las majestuosas formaciones rocosas, la vía ferroviaria y su respectivo tren, los campos de cactus y hasta los populares arbustos rodantes. Si a eso le sumas los pueblos con su característico estilo del viejo oeste, las estructuras dilapidadas, los atardeceres y esas noches salpicadas de estrellas, resulta en una experiencia verdaderamente alucinante. Una maravilla y logro para el mundo digital.

Los viejos duelos de pistoleros son un estandarte para cualquier producto del género Western, así que no es ninguna sorpresa que hicieran aparición en Red Dead Redemption. Tres hombres, a una mesurada distancia, mantienen sus miradas entre sí y con sus manos sobre las pistolas, esperando una señal del destino para ser el primero en disparar y coronarse victorioso del tesoro prometido, es tensión plena y uno de los momentos más recordados del clásico The Good, the Bad and the Ugly.

Tal vez los duelos en Red Dead Redemption no sean tan soberbios como aquellos de los filmes de Sergio Leone, pero si igualmente satisfactorios. Tampoco es un secreto que la banda sonora busca imitar el trabajo de Ennio Morricone en su máxima obra conocida en conjunto como Dollars Trilogy, así que el resultado sigue siendo de admirar e inmersivo.

Algunos duelos toman lugar como parte de la historia, pero muchos otros ocurren aleatoriamente. El protagonista John Marston puede ser retado por forajidos con tan solo caminar por un pueblo, o si es sorprendido mientras hace trampa en el póker. Una vez da inicio, la cámara muestra al jugador y su rival haciendo ahínco en la mano de Marston sobre su pistola, el tiempo se ralentiza y se nos da el permiso de disparar. Es un acto cinematográfico, un homenaje completo a sus inspiraciones del séptimo arte.

Una de las características más sobresalientes es que, a diferencia de otros segmentos durante el juego, los duelos no siempre terminan con la muerte. Marston puede ganar cualquiera de ellos simplemente desarmando a su oponente disparándole a las manos, en lugar de asesinarlo de manera inmisericorde. Hacer esto le genera honor y fama, mientras que asesinarlo solo le genera fama. Es lo que el ‘hombre sin nombre’ haría, a menos que se tratase de ‘Ojos de Ángel’.

Otra opción para las misiones alternas de caza recompensas es el laso. No solo ayuda a reclamar más dinero por los maleantes vivos entregados a la justicia, sino que hace más entretenido el proceso que simplemente asesinar al fugitivo. Dichos forajidos pueden ser enlazados, levantados y montados en el lomo de tu caballo mientras patalean y gritan. O puestos en las vías del tren si crees que la justicia no hace bien su trabajo. Lo importante es que el juego te da la libertad de hacer las cosas a tu manera, sea el camino blanco no violento, o el negro azabache del castigador galopante.

Quizás los caballos no sean tan memorables como Epona o Agro -este último uno de los más realistas y por ende difíciles de controlar-, pero aun así el catálogo equino del que dispone Marston juega un papel muy importante en su travesía de búsqueda y venganza. No solo puedes comprar mejores caballos, sino robar el de otras personas o domesticar algún potro salvaje. La multiherramienta que es el laso le permite asegurar a la bestia en su estado natural y proceder a subyugarla si soporta su descomunal fuerza.

En medio de las diferentes situaciones que se presentan en Red Dead Redemption es normal que el jugador resulte cambiando frecuentemente de caballo, pero un buen consejo es tratar de mantenerse con el favorito tanto como sea posible, evitando hacerle daño y generando una conexión más fuerte con el mismo. O esa pizca necesaria de realidad. Se suelen ver a los equinos como el equivalente a los desechables autos de GTA, pero para ser un elemento tan prescindible dentro del juego, RDR hizo un trabajo fantástico logrando que estos animales se sientan vivos y llenos de personalidad, algo más relevante que un simple medio de transporte. De todos los juegos que incluyen la opción de controlar caballos (como The Legend of Zelda o Shadow of the Colossus), Red Dead Redemption ofrece una de las experiencias más placenteras y acertadas en la industria.

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Aunque la historia y mecánica de mundo abierto en el juego son fenomenales, no se puede decir menos de un aspecto donde los desarrolladores usualmente no invierten tantos esfuerzos: los minijuegos. Póker, dado mentiroso, filete cinco dedos, herraduras, pulso, blackjack; cada uno de ellos pulidamente diseñado para recrear las sensaciones originales y listo para ser dominado, con todo lo que conlleva la adicción a las apuestas y la generosa cantidad de tiempo que puede tomar de nuestra aventura en el oeste.

Justamente es en medio de esa aventura que podemos sentir cómo recorre nuestra espina dorsal el leve y escalofriante rugido de un puma. Los pumas en el mundo salvaje de Red Dead Redemption son las criaturas más rápidas y unas de las más poderosas, que pueden fácilmente acabar con la vida de Marston en uno o dos ataques. Son difíciles de detectar debido al desértico color mimetizado de sus pieles. Usualmente, el jugador no sabe que tiene un puma cerca hasta que escucha el rugir en su espalda, o siente sus garras en la misma.

Pero incluso aquel felino palidece en comparación con el oso grizzly. Los osos también hacen un gruñido fuerte, pero de tener suerte se pueden ver antes de ser escuchados gracias a su considerable tamaño. Eso sí, una vez eres visto por un oso, es mejor correr, o enfrentarlo si tienes la munición adecuada. Definitivamente son más peligrosos que los pumas y como tal las criaturas más poderosas del juego; tal vez sean lentos, pero tan complicados de doblegar, que es como enfrentar a la misma muerte. Y cuando logras derribar uno, dos o tres de seguro se acercarán para vengar a su caído amigo o familiar.

Por lo menos no son tan esquivos o escasos como el mítico Jackalope, quizás porque el propio Red Dead Redemption es el equivalente a aquel animal del folclor americano en la industria de los videojuegos, raro, excepcional, extravagante, todo un deleite encontrarse con él por primera o enésima vez.

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