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Un viaje a la vez

Es el minimalismo de Journey el que lo hace a su vez un título para volver cada cierto tiempo.

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Imagen: francoyovich.deviantart.com

La primera vez que te pones en la capa del anónimo viajero protagonista de Journey no sabes qué esperar, y en parte esa es la gracia de toda la propuesta. Las únicas instrucciones que brinda el juego indie de 2012 para PS3 desarrollado por Thatgamecompany, son aquellas como el movimiento de cámara, personaje y “campanadas”, una suerte de sistema de comunicación y absorción energética textil.

Las palabras realmente sobran, simplemente somos liberados en un mundo en ruinas, devorado por las inclementes arenas del desierto y solo con algunas muestras de un glorioso pasado arquitectónico. No se nos cuenta directamente nada sobre las causas de la caída de dicha civilización, pero a través de glifos antiguos nos exponen la historia de dos razas con atuendos mágicos, que eventualmente terminan envueltas en una guerra devastadora.

Autómatas criaturas gigantes son creadas con base en la captura de otras criaturas textiles voladoras, exprimiendo el uso de su magia para volar y acabando en el proceso con las vidas de prácticamente todos los habitantes del reino. Guardianes que se mantienen activos protegiendo una civilización fantasma, espíritus vagabundos que solo conservan la ira y agresividad hacia sus rivales heredadas de sus creadores, pero todo ya en vano.

El puente quebrado, el desierto de torres abandonadas, el descenso hacia la ciudad enterrada, los túneles custodiados por guardianes, el templo de la elevación, la montaña nevada tormentosa y la cumbre de la resurrección, son los respectivos pasos de procesión en el viaje del protagonista, porque a final de cuentas también es como una experiencia religiosa.

Imagen: zerochan.net/1396110

Todos ellos escenarios rebosantes de una belleza clásica, estética sobria, minimalista, pero no por ello menos imponente que las tierras prohibidas de otros mundos. Journey respira sobriedad en cada uno de sus elementos, en sus mecánicas, su historia, sus gráficos, su propia duración. Cada viaje es ideal completarlo en una sola sesión, y aunque para muchos sería una fatal decisión de diseño, es simplemente perfecto.

De otra forma no tendríamos motivo para regresar cada cierto tiempo a las desoladas arenas del desierto y repetir la travesía. Como la propia analogía de la vida, el nacimiento, el aprendizaje de la niñez, el vuelo de la adolescencia, la inevitable caída de la adultez, el temor a la vejez en forma de guardianes, el ascenso de la sabiduría, el último escalón de aliento, la muerte, la resurrección.

Un viaje que debemos experimentar de manera solitaria, preferiblemente la primera vez. U otro en el que de manera aleatoria un anónimo extraño se une para que puedas completar el camino de manera acompañada. Con un lenguaje comunicativo simplificado lo máximo posible, entre dos jugadores conectados en línea y al azar desde cualquier parte del globo, quedas con la única opción de cumplir una de dos posibilidades: ser el que lidera la pequeña caravana o el seguidor confiado sin ánimos de cuestionar.

Imagen: zerochan.net/1396159

No existen papeles establecidos, a veces puedes ser uno y a veces el otro, o ambos. Pero es una de las lecciones más apremiantes que deja Journey, un multijugador que solo puede funcionar siendo online como ya lo es, sin lobby ni la opción de jugar con conocidos, a menos que tuvieses la improbable fortuna de ser enlazado con un conocido. Dos extraños cuya única manera de hacerse entender es con un botón de una sola nota a ritmo voluntario, y con movimientos donde al final comprendemos el verdadero significado del silencio y del baile, cuando así lo apremia.

A veces es necesario detenerse un rato y meditar, mientras que en otros momentos te encuentras danzando con aquel viajero o viajera, extraño o extraña, sin importar en lo más mínimo y comprometiéndote un poco más con aquella perdida civilización de un pasado violento y en guerra. El momentáneo presente es muy diferente, puede que solo ruinas de lo que fue y una maravilla antigua solo recordada por los glifos, pero rebosante de paz y tranquilidad en la gran mayoría de su recorrido. Con uno que otro obstáculo, pero relajante, como una lección más sobre la vida misma.

Es un viaje simbólico, específicamente, un viaje al interior de uno mismo.

Imagen: zerochan.net/1396122
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