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Suspiria – Reseña

El ‘remake’ del clásico italiano de culto es un filme tan interesante como el original, pero por razones muy diferentes.

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No es exageración decir que Suspiria — la original, dirigida por Dario Argento y estrenada en 1977 — es una de las más importantes películas de terror de todos los tiempos. Desde hace más de una década se había hablado de hacer un ‘remake’, algo que aterraba a los fanáticos del género. Suspiria no es un filme común y corriente, es una experiencia visual y auditiva donde el guión, actuaciones y desarrollo toman un puesto secundario frente al estilo onírico logrado gracias a su fotografía y banda sonora. Una versión hollywoodense sin duda se convertiría en otra película más del montón, mancillando el prestigio de su evocador nombre.

Esta nueva película no es responsabilidad de los gringos, sino de los mismos italianos. El director Luca Guadagnino — el mismo de Call Me by Your Name, la emocional cinta romántica nominada al Óscar en 2018 —  ha creado una obra que comparte un nombre y concepto con la original: una bailarina americana llega a una academia de danza en Alemania que es controlada por un aquelarre de brujas. Pero aparte de eso, es un animal completamente diferente.

Lo primero que salta a la vista es lo diferente que luce. El filme de Argento poseía un trabajo de iluminación muy característico lleno de colores vivos y un estilo expresionista. La visión de Guadagnino, en cambio, es triste y opaca. Se desarrolla en medio del invierno en una Alemania deprimida y gris donde los colores primarios resaltan por su ausencia. La vibrante banda sonora de la banda Goblin ha sido reemplazada por melodías lúgubres y monótonas compuestas por Thom Yorke, líder de Radiohead. La cámara también es lenta y cuidadosa, hasta que comienzan las secuencias de baile o de sorpresa, y entonces adquiere una agilidad inesperada, hace repentinos acercamientos en momentos inusuales y nos deja confundidos.

Sorprendentemente, esta aproximación funciona a la perfección. La nueva Suspiria es una película llena de tristeza, melancolía, dolor y arrepentimiento. Un filme angustioso y difícil de ver, pero que vale mucho la pena.

La protagonista es Susie Bannion (Dakota Johnson), una joven bailarina estadounidense que llega a Berlín para unirse a una prestigiosa compañía de danza contemporánea. Su talento natural llama la atención de Madame Blanc (Tilda Swinton), la coreógrafa e instructora principal, quien además de prepararla en el arte del baile también comienza a convertirla en el recipiente para el alma de Helena Markos, la antigua y poderosa bruja que fundó la academia y lidera el aquelarre que habita allí. Mientras tanto, un psicoanalista sobreviviente del holocausto investiga la desaparición de Patricia (Chloe Moretz), una bailarina que se esfumó del lugar en extrañas circunstancias.

Desde la primera escena tenemos una total certeza de que el aquelarre existe y cuáles son sus propósitos. Esta no es una historia donde seguimos a Susie en un lento descubrimiento de la verdad. De hecho, la cámara también sigue a la bruja Madame Blanc y le da un arco de personaje que también la convierte en protagonista. No es la única, pues Suspiria también dedica un buen tiempo a Sara (Mia Goth), otra bailarina que ha comenzado a sospechar sobre las matronas de la academia, y a Josef, el atormentado psicoanalista que sigue sufriendo por eventos ocurridos durante la guerra.

Aunque inicialmente parece fuera de lugar, el espectro del nazismo está siempre presente en todos los momentos del filme. La forma en que funciona la academia — un lugar seguro para mujeres donde reciben el apoyo que necesitan y encuentran una figura materna que admirar y seguir —  no es más que una fachada para una institución que abusa de las mujeres y las usa en secreto con oscuros propósitos. Esta es una representación bastante clara del fascismo. No es algo que ronde en el subtexto del filme, ya que es tan claro que hasta un personaje lo expresa directamente.

Todo esto se desarrolla desde un ambiente y perspectiva totalmente femenino. Las relaciones madre-hija que se forman son solo un aspecto de ello. Los bailes, los gemidos de cansancio y las pesadillas que sufren los personajes cada noche (y que no tienen nada que envidiar al video de El Aro) están llenos de una poderosa carga sexual presentada desde una perspectiva que, tristemente, pocas veces se usa. Incluso la presencia del único personaje masculino, el doctor Josef, está marcada por la imagen de la mujer de una manera importante. Les recomiendo que, después de ver la película, averigüen sobre el actor que interpreta a este hombre. Esta es una película donde la persona detrás de ciertos personajes tiene una sorprendente importancia.

Tampoco es coincidencia que se desarrolle en una época de rebeliones y descontento de la juventud alemana. Suspiria busca confrontar a una generación que desea olvidar los errores del pasado para no avergonzarse por los horrores ocurridos, pero corre el riesgo de cometerlos de nuevo. Se recomienda enterarse un poco sobre el caso de la banda Baader-Meinhoff para tener algo de contexto antes de ver el filme. El resurgimiento que el fascismo tiene en varias partes del mundo hace de esta una película tristemente relevante en la actualidad.

Pero basta de elementos temáticos e intelectuales, hablemos del terror. Suspiria no es una película que asuste, pero tiene algunas escenas de violencia y ‘gore’ bastante salvajes, capaces de estremecer a cualquiera. El clímax es una verdadera orgía de sangre y horror. Aunque se puede criticar algunos elementos estilísticos y que cierto giro en la trama pudo revelarse de modo que produjera más impacto, la verdad es que nadie quedará indiferente ante lo que ocurre en la pantalla.

Al igual que el filme original, la nueva Suspiria es una obra de arte, pero lo es por razones completamente diferentes, incluso opuestas. Aunque es marcadamente estilizada, su fuerza no está en su color sino en sus elaboradas secuencias de baile, el surrealismo de los eventos y en las impresionantes actuaciones, sobre todo de Tilda Swinton y Dakota Johnson, cuya evolución a lo largo de la trama es algo digno de verse.


Una advertencia: muchos no van a disfrutar de Suspiria, incluso la van a odiar. Su larga duración, pocas escenas de terror y la forma tan densa en que se desarrolla la trama serán causa de desesperación. Pero hay un público ahí, el mismo que no ha podido olvidar películas como Madre! o Hereditary: el legado del diablo, que va a considerar este ‘remake’ como uno de los más importantes filmes de horror de los últimos años.

Suspiria
4.1/5 Nota
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